sábado, 9 de marzo de 2013

Emprendedores con alma social

 


Las llamadas ‘empresas sociales’ se hacen un hueco donde no llega el Estado ni el sector privado.
La Comisión Europea quiere darles un marco jurídico propio para favorecer su crecimiento.




La empresa Mil Historias da trabajo a personas en riesgo de exclusión. / Santi Burgos
Su trabajo debe repercutir en que la sociedad mejore, pero deben conseguirlo manteniendo la rentabilidad económica. Son proselitistas de su propio modelo de emprendimiento y a menudo trabajan en red. Y cada día son más numerosos en España. Son las llamadas empresas sociales, y poco a poco empiezan a abrirse un hueco importante en el tejido empresarial europeo.
“El emprendedor social busca obtener beneficios, no para enriquecerse, sino para reinvertirlos en el propio proyecto, quiere que su compañía sea sostenible y, de forma paralela, busca el impacto social de su empresa. El objetivo de estos proyectos es dar solución a un problema social, sea de la envergadura que sea. Esto hace que sean empresarios muy involucrados con su idea de negocio, que trabajan con mucha ilusión”, explica Marta Solórzano, codirectora del curso de experto universitario en Emprendimiento e Innovación social de la UNED y profesora de organización de empresas. “Como es un sector que se enfrenta a muchas dificultades, saca recursos de donde a otros no se les ocurre y, debido a ese fin social, logra involucrar a personas que no se implicarían igual en iniciativas puramente empresariales”.

La primera dificultad estriba en definir qué es exactamente el emprendimiento social. En ello está la Comisión Europea. Aunque comparten con muchas ONG su finalidad social, las empresas sociales tienen que ser económicamente sostenibles y concebirse así desde el principio, aunque reciban puntualmente alguna subvención. Esta es la descripción de estas empresas aceptada por todo el mundo académico, a nivel internacional, y asumida por la propia Comisión Europea. Pero esta reconoce, a su vez, que es un problema que “no haya un modelo legal definido para estas empresas”, que “se posicionan entre el sector privado tradicional y el sector público”. Aunque sí está claro que la característica esencial que las diferencia del resto “es que tienen un objetivo social y societario combinado con el espíritu empresarial del sector privado”.
Así, la consideración de empresa social se aplica ahora a las compañías según su forma jurídica. Por ejemplo, estarían incluidos en esta definición desde los centros especiales de empleo a las cooperativas, las empresas de inserción laboral y las sociedades anónimas laborales, entre otras. Pero dentro de estas formas jurídicas hay compañías más volcadas en el llamado “beneficio social” que otras. De la misma manera que hay empresas que tienen como objetivo esencial la búsqueda de un bien social y que no son computadas porque están registradas con otra forma jurídica.
“Este tema se está tratando aún en la Comisión Europea, porque como hay un déficit de fondos públicos para cubrir el Estado de bienestar se ha detectado que las empresas sociales son un sustituto ideal para hacer actividades que antes realizaban las empresas sostenidas con fondos públicos. También hay muchos servicios que realizan las ONG con fondos públicos que podrían experimentar un cambio. Por ejemplo, una ONG puede montar un centro especial de empleo que consiga financiación para la venta de sus productos o servicios”, señala Mercedes Valcárcel, doctora en Ciencias Sociales, especializada en este tipo de emprendimiento y en la valoración de su impacto social. Valcárcel ha colaborado en el Grupo de Expertos en Emprendimiento Social de la Comisión Europea y es una de las creadoras de la Fundación Isis, que apoya este tipo de iniciativas.

Estos proyectos buscan el beneficio para reinvertir en sí mismos
El recorte en las subvenciones públicas está llevando a muchas ONG a intentar reconvertirse en empresas sociales, para intentar ser sostenibles económicamente mediante el uso de herramientas de tipo empresarial.
En España no hay cifras disponibles sobre un sector en el que existe una gran variedad de modelos: desde pequeñas compañías que venden fruta y verdura ecológica y emplean a trabajadores en riesgo de exclusión social hasta empresas que venden objetos hechos con material reciclado o firmas que idean aplicaciones móviles con contenidos educativos destinados a la población de África.
Un ejemplo de organización con fines sociales es Emáus, que está constituida como una fundación. Emáus obtiene beneficios, pero los reinvierte en el proyecto, por eso, con la nueva definición que adopte la Comisión Europea, es presumible que en el futuro este tipo de iniciativas sean consideradas empresas sociales, y puedan optar, como tales, a ayudas específicas. Emáus, entre otras cosas, se dedica al préstamo de bicicletas en ciudades españolas. Las bicis se encuentran repartidas por diferentes puntos estratégicos de la ciudad llamados bancadas, realizadas con la más moderna tecnología, que previene el vandalismo. El usuario se identifica en la bancada con una tarjeta emitida previamente y retira la bici.

En España están muy centrados en ayudar a colectivos desfavorecidos
Otro ejemplo es la Fundación Ana Bella . En este caso se trata de una ONG que también trabaja como una empresa social. Se dedica a la acogida y apoyo a mujeres víctimas de la violencia de género y, entre otras actividades, ha montado un servicio de catering con productos de comercio justo y ecológicos, servido por camareras que forman en cursos que imparte la propia organización.
Las empresas que tienen proyectos destinados a España están muy centradas en ayudar a colectivos especialmente necesitados de apoyo, como personas discapacitadas, enfermos mentales, exdrogodependientes, expresidiarios, mujeres maltratadas, parados de larga duración o jóvenes con formación escasa. Las compañías enfocadas a la ayuda en los países en desarrollo buscan cubrir necesidades básicas, relacionadas, por ejemplo, con la alimentación, la electricidad, el acceso al agua potable, la educación o la sanidad.
“Dado que en Europa hay confusión sobre lo que es empresa social y lo que no, la Comisión Europea lanzó en 2011 la Social Business Iniciative. La Comisión está trabajando en la creación de todo un ecosistema a nivel europeo a favor del emprendimiento social para crear mecanismos y estructuras que promuevan el acceso a financiación, mejorar la visibilidad de estas empresas y establecer un marco jurídico claro para este tipo de compañías”, señala José Luis Ruiz de Munain, consultor de emprendimiento social y asesor para su desarrollo en el sureste asiático, además de director adjunto del curso de experto en este tema que imparte la UNED.
¿Cuál es el canal de financiación de las empresas sociales? El mismo que el de las compañías tradicionales, responden los expertos. Puede ser pública o privada; o las dos cosas. Aunque en este tipo de compañías cala más la financiación colectiva o en masa (una nueva fórmula de financiación, conocida con el término inglés crowdfounding), que consiste en que se busca una pequeña financiación de un amplio grupo de personas. Lo usan desde pequeñas compañías a artistas desconocidos en busca de apoyo para su trabajo. También hay mecenas que invierten en estas empresas, algo que suele estar supeditado a que el proyecto, aparte de tener valor social, lo tenga económico.

Los expertos trabajan en traducir el valor social en económico
Margarita Albors tiene desde 2010 una incubadora de empresas sociales, Socialnest, una organización sin ánimo de lucro. Tras estudiar ingeniería industrial, esta emprendedora social hizo un máster en empresas en la Universidad de Harvard y, ya de vuelta, decidió fundar esta organización en España. “Quería crear un centro donde se facilitara la creación de empresas, la participación ciudadana en las compañías y la mejora social”, explica Albors. “Los emprendedores vienen a nosotros con una idea de cambio social y necesitan saber cómo ejecutarla. Son principalmente personas con estudios medios o universitarios, de titulaciones muy diversas, con una media de 35 años y experiencia laboral, pero no en cómo montar una empresa. Por lo general son personas que tienen inquietud por contribuir a las mejoras sociales, que lo llevan dentro. Muy concienciadas con temas como el medio ambiente, la desigualdad o la pobreza”.
 
 
 
 
 

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